Casi 30 años nos separan ya de aquel 15 de marzo de 1996 en el que arrancaba de manera oficial nuestra historia. Ese día, la localidad marinera de A Guarda, en Pontevedra, veía nacer la Organización de Palangreros Guardeses (ORPAGU). Aunque no era un acontecimiento que pillase por sorpresa en la región: su fundación se venía fraguando un año atrás.
Hoy queremos repasar contigo esta historia; un relato que se extiende ya por tres décadas y miles de kilómetros, los que separan el Océano Índico del Pacífico y el Atlántico Norte del Sur. Embárcate con nosotros y acompáñanos en esta aventura.
Origen: A Guarda, región pesquera

El puerto pesquero de A Guarda es uno de los símbolos de la costa atlántica en el sur de Galicia. Sus casas típicas marineras colorean el paisaje, elevándose, una junto a la otra, dos o tres pisos sobre el mar. Allí mismo: el paseo marítimo, la lonja, la cofradía de pescadores y el Museo do Mar. Numerosas terrazas y restaurantes terminan de configurar un animado punto de encuentro donde confluyen vecinos, visitantes y muchas de las personas que trabajan y viven de estas aguas en la región.
A pocos metros del dique sur, un mariñeiro de piedra asiste, inmutable, al paso de los años en la villa. Con su mirada baja, concentrada, la red en las manos, en silencio, nos recuerda la dureza de una profesión que no solo es indispensable e irreemplazable en A Guarda, sino que está en el ADN mismo de la región, en su historia, su paisaje y sus gentes.
Este marinero esculpido en granito fue concebido por el artista José Núñez Pousa en el año 1991. Contempló, por tanto, el nacimiento de ORPAGU. Y mientras esta organización de palangreros surgía —aún antes, incluso, de su misma fundación—, el Monumento ao Mariñeiro ya les rendía homenaje. Porque, al igual que él, este grupo de personas que conformaron ORPAGU conocían bien el peso del mar y, curtidas por el agua y la sal, representaban el valor del esfuerzo que tantas personas comparten en A Guarda.
Una unión con propósito
Antes del pez espada, estaba la merluza.
En los años anteriores a la década de los 90, la merluza era una de las especies más importantes para la industria pesquera de A Guarda. Sin embargo, después de varias décadas de captura, especialmente en Portugal y Marruecos, los caladeros dejaron de ser rentables. Había llegado el momento de buscar una alternativa. Y esa alternativa era, ahora sí, el pez espada: una especie que había dado buenos resultados económicos gracias, entre otras cosas, a su comercialización directa desde los puertos de Vigo, Carboneras o Algeciras hacia mercados internacionales con mayor tradición de consumo.
Un puñado de armadores lo tuvieron claro. Quince, en concreto. En 1995 dieron un paso al frente. Y lo hicieron con un propósito claro: regular, desarrollar y fomentar la actividad del palangre de superficie, defender los intereses de sus socios y garantizar una pesca responsable.
Así, decidieron invertir en flota propia y orientar su futuro al palangre de superficie. Aquella visión se materializó definitivamente un año después: en 1996 se constituía oficialmente la Organización de Palangreros Guardeses. Ya en 1998, en el BOE publicado el 28 de febrero, se reconocía a la organización como Organización de Productores Pesqueros (OPP-49). El timón ya estaba firme.

Referente en Europa
En su primera etapa, la flota espadera de ORPAGU —junto a otros compañeros gallegos— se movía, sobre todo, en aguas del Atlántico Norte: Galicia, Canarias, Azores, Senegal, Cabo, Verde y Mauritania. No tardarían en transitar muchos otros mares, llegando al Atlántico Sur, el índico y el Pacífico.
Damos un salto temporal hasta el 2017. Ese año arrancó una nueva singladura: ORPAGU transnacional, con la incorporación de empresas portuguesas, que en 2020 se reforzó con alianzas con Vianapesca, la Cooperativa de Armadores de Pesca Artesanal de Peniche y la Asociación de Armadores de Peniche. Ya eran 39 los palangreros de A Guarda, a los que se unieron otros 40 de Portugal.
Año tras año, se cumplieron 25, y en ORPAGU lo hicimos apostando por la innovación y renovando nuestro compromiso con la sostenibilidad, a través de proyectos que respetan y protegen la biodiversidad marina y reducen el impacto medioambiental de nuestra flota.
También hay que hablar de números. En 2021 superamos las 5.000 toneladas anuales de pez espada, una facturación por encima de los 60 millones de euros y más de un millar de empleos directos.
Pero más allá de las cifras, lo que verdaderamente nos define es el espíritu que nos ha traído hasta aquí: el orgullo de nuestros orígenes, la pasión por el mar y la voluntad de seguir avanzando sin perder de vista aquello que nos hizo nacer.

Pescar, transformar, compartir: cerrando el círculo
Lo que empezó como la apuesta de aquellos quince armadores es hoy la flota más representativa de Europa en palangre de superficie, con 79 buques entre firma española y portuguesa.
Nuestro modelo siempre ha sido claro: controlar el proceso de principio a fin. Pescamos con flota propia, transformamos y comercializamos. El Premio Alimentos de España 2019 reconoció este camino.
Ese círculo se completa con un hito reciente: la nueva planta frigorífica e I+D en Tui, de 7.000 m² y 3.000 t de capacidad. Una nave inteligente 4.0 orientada a eficiencia energética, reducción de huella de carbono, ergonomía y desarrollo de nuevos productos. Un proyecto que crea empleo cualificado en el Baixo Miño y que nos permite apostar por procesos como el ronqueo, para el máximo aprovechamiento de cada pieza.
Así es como se cumplen tres décadas. Con el trabajo de los armadores, la tripulación y de tantas otras personas que rodean, de manera directa e indirecta, este mundo dedicado al mar. Con A Guarda como puerto base y siempre en nuestro horizonte.
Porque, en la historia de ORPAGU, lo local se hizo global sin perder nuestras raíces.